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AGUSTIN
BARRIOS
por Lucio Nuñez |
Cuando los muy Jóvenes y laboriosos
organizadores del Simposio 1986 me entrevistaron para invitarme
a participar en el mismo, enseguida pasó por mi mente la
idea de rendir un modesto y sincero homenaje a Agustín Barrios,
a 42 años de su muerte y 101 años de su natalicio.
Quiero aclarar que no soy ningún investigador ni erudito,
pero me lleva a hacerlo mi admiración por el gran hombre
y artista que fue, y mi amor por su preciosa música. La imagen
de Barrios en nuestros tiempos - y más en nuestro país
- está bastante rehabilitada de incomprensiones, de antiguas
críticas, de subestimaciones, y su música goza en
estos momentos de la preferencia de (nuestros) muchos guitarristas.
Su aporte musical e instrumental es importante, pero su figura se
agiganta ante la trascendencia de su obra, que mostró al
mundo el sentir de toda una raza, del pueblo indoamericano, y de
América toda. Barrios es el hombre cósmico de América.
El gran guitarrista y músico paraguayo Sila Godoy, al enterarse
de su muerte en 1944, escribió una emocionada y aleccionadora
semblanza de la cual voy a extraer algunos conceptos: "Barrios
fue un héroe romántico de la guitarra. Pero fue también
un romántico de América. Y este maravilloso instrumento
y su devoción al tema americano, es el que elevó su
arte a alturas insospechadas. Porque Barrios, de haber reducido
su vocación a un asunto de pura técnica instrumental,
quizás hubiera sido, sí, el gran instrumentista, el
intérprete admirable que fue, pero no hubiese podido alcanzar,
tal vez, esa densidad e intensidad que tiene su creación
musical si no hubiera obedecido la imperiosa voz, que desde la hondura
de su espíritu, le mandaba hacer caminos por rutas americanas
para recoger lo americano, con esa excepcional capacidad de captación
intuitiva que lo caracterizó. Porque Barrios no fue solamente
un afortunado intérprete de la música clásica.
La parte más viva e interesante de su personalidad de artista
radica en el hecho de que supo sentir y expresar sin recurrir a
fáciles recursos de efecto o de postura, "la peculiaridad
íntima de la música americana..."
... "Era pasmosa su capacidad de captación folklórica.
A su paso por los distintos pueblos del continente, se paraba un
instante a escuchar, comprendía enseguida el alma de la región,
y pronto le hacia oír, vestida de arte y de emoción,
su propia voz. Hay países en América en que las composiciones
de Barrios sobre motivos autóctonos no han sido superadas
por los propios músicos nativos..."
... "El variado paisaje americano no tuvo para él enigmas
ni secretos. El intinerario de su peregrinaje artístico por
tierras de América, que nunca estuvo sujeto a planes prefijados,
indica, sin embargo, una razón oculta y no una veleidad arbitraria
en la orientación de sus pasos. Barrios estaba allí,
donde su despierta sensibilidad podía extraer el material
más duro, el momento de más alta tensión poética,
para su labor creadora. Y a esto se debió tal vez su fecundidad
y la calidad intrínseca de su obra..."
San Juan Bautista de las Misiones, actual capital del departamento
de Misiones, antigua población fundada por los jesuitas,
se halla enclavada en el interior del territorio paraguayo, entre
esas dos poderosas vértebras fluviales que son el río
Paraguay y el río Paraná, cien kilómetros al
sur de Asunción. Es una zona muy rica en ganadería
y agricultura y luego de la guerra de la Triple Alianza, quedó
prácticamente el país diezmado, perdiendo gran cantidad
de hombres. A esa zona rica fueron algunos hacendados correntinos,
y se establecieron. De Corrientes, llegó la familia de Don
Doroteo Barrios, quien contrajo nupcias con Doña Martina
Ferreira. Ellos fueron los padres de Agustín Pío Barrios,
primogénito de cuatro varones y vino al mundo el 5 de mayo
de 1885. Tanto él como sus hermanos Francisco Martín,
Héctor y Virgilio, se inclinaron hacia el arte, la literatura
y el estudio en general. Mucho tuvo que ver la buena disposición
del padre y la preparación de la madre, quien era maestra
de escuela, y había formado en San Juan una escuela amateur
de teatro. Agustín y sus hermanos, desde pequeños,
tuvieron aptitudes para la música, tocando cualquier instrumento
que estuviera al alcance de sus manos. Se cree que desde los 8 años
comenzó a pulsar la guitarra en forma intuitiva, y mucho
tuvo que ver la influencia de un guitarrista popular, sumamente
habilidoso, que era hermano del cura párroco P. Gabino Rojas,
a quien le decían "Pilo" Rojas. Cabe destacar que
a Monseñor Gabino Rojas se le debe la construcción
del teatro San Juan Bautista. El niño Barrios fue creciendo,
evidenciando no solo condiciones excepcionales para la música,
sino también para las Humanidades y las Matemáticas.
Cuando estaba ya terminando su instrucción primaria, conoció
a Don Gustavo Sosa Escalada, excelente cultor de la guitarra, escritor,
periodista, quien anduvo - por razones de negocios - por San Juan,
y se intereso por Agustín, aconsejando a sus padres trasladarlo
a Asunción para continuar su bachillerato y ofreciéndose
el para guiarlo en la disciplina instrumental. A los 14 años
se traslada a Asunción para seguir el bachillerato, y además
de trabajar instrumentalmente con Don Gustavo Sosa Escalada, completa
su formación musical con el maestro italiano Niccoló
Pellegrini, director de banda, músico de gran valor, compositor
de obras basadas en el folklore guaraní, considerado como
el extranjero que mejor había captado el alma de la música
paraguaya. De Don Sosa Escalada podemos señalar que su formación
musical y guitarrística la adquirió en Buenos Aires,
donde fue discípulo del maestro español Carlos García
Tolsa.
Terminado el bachillerato, Agustín se dedica, además
de profundizar la música e impartir clases, al periodismo,
trabajando en periódicos de Asunción. A los 25 años
decide comenzar con lo que sería su destino, y como los trovadores
del medioevo, recorrer caminos, dando a conocer su arte.
Comienza por las provincias del Nordeste argentino, hasta llegar
a Buenos Aires, aproximadamente hacia 1910. Desde 1912 hasta el
año 1928, graba en Buenos Aires para el sello Odeón
sus composiciones en numero de 36, en discos de 78 RPM. También
en 1912 viaja a Uruguay, donde conoce a Don Martín Borda
y Pagola, gran aficionado a la guitarra, hombre de campo, estanciero,
y se transforma en su mejor amigo, su mecenas y depositario también
de buena parte de sus obras.
Establece su cuartel general en Montevideo y desde allí viaja
al interior del Uruguay y países vecinos. Barrios, en cualquier
parte que tocara, tenía mucho éxito y cosechaba grandes
relaciones y amistades, no solo por su arte Guitarrístico
sino por su fino trato y gran cultura.
No obstante, en Buenos Aires las opiniones no fueron unánimes
como en otros lados, y se puede decir que el ambiente le fue bastante
hostil. Por la década del 20 había una revista que
se dedicaba a la guitarra en forma exclusiva, y las críticas
que le hizo fueron, si debemos darles un calificativo, demoledoras.
Pienso que es porque no lo comprendieron, no entendieron su vocación
americanista. El ambiente guitarrístico y musical argentino
por aquellos años miraba mucho hacia Europa, y la europea
Buenos Aires no entendió su mensaje. En esa revista se dice
que el poco éxito de Barrios es porque el público
porteño conoce mucho y está al tanto de lo que es
el repertorio "moderno" de la guitarra (Sor, Tárrega,
Albéniz, Granados). En mi opinión Barrios era más
moderno ya que cantaba a su propia realidad, el hombre americano,
y en eso estaba varias décadas adelantado. Desde 1928 hasta
1934, en que su constante viajar lo lleva a España, son todos
sostenidos éxitos en todos los países de América
del Sur, en donde además de tener enorme aceptación
sus obras originales y de otros grandes maestros de la guitarra,
como así también transcripciones, le hacían
grandes homenajes, poemas, saludos de hombre importantes de la cultura,
agasajos de presidentes de distintos países. Además
de España visito Inglaterra, Bélgica, Alemania, triunfando
en todos ellos por la originalidad y vigencia de sus obras.
En 1936 un embajador amigo de Barrios, le consigue un contrato de
la Federación Universitaria de Venezuela, y de ese modo lo
extraen de España, donde había comenzado la guerra
civil, librándolo de quien sabe que destino.
De Venezuela subió por Cuba, Costa Rica, República
Dominicana, Haití, países de Centroamérica,
llegando a México en 1939, por un contrato de 20 conciertos
en los EEUU, que lo llevaba hacia dicho país. Lo acompañaba
su esposa Gloria, y cuando fue al consulado de su país para
conseguir las visas, allí tuvo al parecer un disgusto muy
grande, y cuando salía cayó en la calle, víctima
de un infarto. Fue muy bien atendido en una clínica cercana,
y cuando se repuso, luego de 15 días, los médicos
le aconsejaron dejar México por la altura. Como había
cosechado buenas amistades en Centroamérica, viajó
hacia Costa Rica. Pero en Guatemala Barrios decidió quedarse
unos días para descansar, ya que los viajes eran por tierra.
En Guatemala había dejado buenos recuerdos y no tardaron,
aficionados, músicos, profesionales y admiradores en ir a
verlo. También fueron periodistas que hicieron mucho ruido
por la enfermedad de Barrios, y eso atrajo más gente. En
aquel momento gobernaba en Guatemala el general Ubico que tenía
graves problemas políticos. Existía el toque de queda
y estaban prohibidas las reuniones de más de dos personas.
No obstante admirar y querer a Barrios, el Presidente no encontró
otra cosa que pedirle que abandonara Guatemala. El general Ubico
explicó que había estado en un concierto del guitarrista
y se declaró admirador, pero tenía que cortar por
lo sano y evitar las reuniones.
El Presidente de El Salvador vió con malos ojos lo que hizo
su colega Ubico, a quien consideraba enemigo; lo tomó como
un atentado a la cultura y una falta de respeto hacia Barrios. Cuando
Agustín llega a San Salvador también acuden admiradores
y periodistas a visitarlo, y teme que le pase lo mismo que en Guatemala;
pero el Presidente le pide que se quede en San Salvador. El Presidente
general Martínez era un hombre de gran cultura, teósofo
al igual que Barrios; y como este tenía una gran conversación
y un trato respetuoso, no tardan en ser amigos. Además el
Presidente le otorga una pensión vitalicia, que Barrios podrá
cobrar aun alejandose del país, donde quiera que el vaya.
Este gesto emociona a Barrios, quien ofrece sus servicios en el
Conservatorio Nacional, creándole la cátedra, ya que
aun la guitarra no se enseñaba en un nivel oficial. Pronto
Barrios se hizo de buenos discípulos y llegó a vivir
muy bien junto a su esposa brasileña Olga.
Entre sus amigos y admiradores se encontraba un joven coronel italiano,
refugiado en El Salvador, que había escapado de Italia por
haber sido oficial de Mussolini. En Italia tenia bienes y dinero,
pero por el momento no podía volver. Luego de unas luchas
cruentas que ocuparon los meses de marzo, abril y mayo de 1944,
cae el Presidente Martínez, y esta circunstancia hace que
Barrios piense en irse de El Salvador; además, como se siente
con 59 años aun fuerte, en posesión de su excelente
técnica, el bichito de los viajes comienza a aguijonearle.
Pero el 7 de agosto de ese año, la muerte lo sorprende. Los
discípulos, ante el fallecimiento de su maestro y temiendo
que su viuda pierda o no de buen fin a sus manuscritos, alcanzan
a sustraer buena parte de ellos, que Barrios poseía en su
estudio. El resto de los originales, la mayor parte estaban en un
baúl que Olga guardaba celosamente. Los originales que sustrajeron
los alumnos y que luego depositaron en la Biblioteca Nacional, es
gran parte de lo que se posee de él, y se cree que es solamente
una tercera parte del total de su obra.
Tiempos después del fallecimiento y ya terminada la Segunda
Guerra Mundial, Olga se casa con el coronel italiano, y antes de
viajar vende al estado gran parte de objetos, la guitarra, medallas,
recuerdos, que actualmente están en el Museo Histórico
de San Salvador. El coronel italiano recupera sus bienes y con Olga
regresa a Italia, y se llevan el cofre con las partituras de Barrios.
Este material se perdió totalmente porque Olga llegó
a vivir muy bien en Italia, y no le dió ningún destino
a esos originales. Se cree que Barrios compuso unas 300 composiciones,
pero sólo se conservan unas 90 obras.
En sus conciertos se sirvió de varias guitarras, pero sus
favoritas fueron una de José Ramírez, español,
abuelo del actual Ramírez de Madrid, y de un excelente ejemplar
de Rodolfo Camacho Viera, modelo 1928, de Buenos Aires. Este último
luthier llegó a ser muy amigo de Barrios, y él me
transmitió muchos recuerdos del gran paraguayo. Barrios usaba
cuerdas metálicas amortiguadas con gomitas en el puente y
cejuela, dando de esta manera un sonido parecido al actual nylon.
A su obra, me tomé el atrevimiento de dividirla en cuatro
grupos:
1) Obras de formas europeas.
2) Obras neo - románticas.
3) Obras de proyección folklórica.
4) Obras didácticas.
A eso se podría agregar un quinto grupo, que es el correspondiente
a transcripciones de barrocos, clásicos y románticos.
Los restos de Barrios descansan de el "Panteón Nacional
de los Hombres Ilustres", de San Salvador, y las tratativas
de repatriar sus restos a Paraguay no han progresado, pues los salvadoreños
lo consideran una reliquia nacional y lo veneran como a un prócer.
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