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| VIDA
DE UN HEROE:
ANDRES SEGOVIA
por
Raymundo Ernst Fortunatti |
¡Cuántas cosas se esconden
detrás de un minueto!, decía Eugenio D`Ors. Quizá
se ocultan muchas más en el envés de una guitarra
llamada SEGOVIA.
El "Tesoro de la Lengua Castellana"
(editado en 1611) de don Sebastián Covarrubias y Horozco,
dice sobre la guitarra lo siguiente: "instrumento bien conocido
y exercitado muy en perjuyzio de la música; (...) Es la guitarra,
vigüela pequeña en el tamaño, y también
en las cuerdas. Tiene cuerdas requintadas, que no son unísonas,
como las de la vihüela, sino templadas en quintas; fuera de
la prima que está en ambos instrumentos, es una cuerda sola.
Si mudáis a guitarra el acento de la penúltima sílaba
y se la ponéis en la antepenúltima dirá guítara,
mudada la g en c dirá cítara, del nombre griego kithara."
La cita del párrafo anterior responde a tres puntos a reseñar:
primero, por tratarse de un documento impreso bastante temprano
y erudito, correspondiente al notable gramático antes mencionado.
Segundo, por hacer un pequeño rastreo etimológico
asaz acertado y tercero, por mostrar ajustadamente el sentir existente
en la época (siglo XVII) por la guitarra y es más,
que permaneció a lo menos hasta la segunda mitad del siglo
XIX. Así pues, la guitarra fué y sigue siendo el más
popular de los instrumentos, más por muchos siglos no pasó
de estar en esa categoría.
La guitarra está claramente asociada a la "música
espontánea" tanto cantada como bailada; tal vez este
haya sido el motivo por el cual tuvo cerrada por mucho tiempo las
puertas de las grandes salas de concierto.
Fue Andrés Segovia quien le "quitó los hierros"
de tantos años para darle un sitial importante y convertirla
en primera figura.
La guitarra en Andalucía
Narra el propio Segovia en su "Libro
de la Guitarra" donde y cuando nació. "Supongo
que ningún arqueólogo musical volverá nunca
a luchar con otro para establecer en el futuro la exactitud de estos
puntos. La verdad es que yo vine al mundo el día 21 de febrero
del año 1893 en Linares, un pueblo pequeño y encantador
que pertenece a la provincia de Jaén".
El primer encuentro de Segovia con la guitarra fué escuchando
a un guitarrista flamenco ejecutando soleares "los cuales me
penetraron cada poro de mi cuerpo", según anotación
autógrafa del Maestro.
A la edad de diez años Segovia se traslada a Granada en compañía
de unos tíos. Su estancia en esta ciudad sería decisiva
para su larga carrera que recién comenzaba. Anota Segovia
en su "Autobiografía" lo siguiente respecto a estos
años: "Pasé muchas horas de mi juventud soñando
y meditando, escuchando el murmullo de los arroyos de la Alhambra
en comunión con el susurro de los añosos árboles
de El Bosque y el apasionado canto del ruiseñor".
Los años de formación
Contrariamente a otros artistas,
Segovia siempre prefirió - tanto en sus libros como en las
entrevistas - concentrarse en lo estrictamente musical más
que en lo personal. Sus anécdotas favoritas corresponden
principalmente al "surgimiento" de la guitarra y su elevación
hasta alcanzar su status actual.
La vida de Segovia recorre varios períodos de importancia
para el desarrollo de su carrera. El inflexible esfuerzo por dominar
la guitarra, por extender su repertorio apelando directamente a
los compositores; por transcribir y publicar obras importantes de
siglos anteriores (v.g. los maestros vihuelistas) y finalmente,
por dar a conocer el instrumento en todo el mundo.
El primer paso de la carrera de Segovia tuvo lugar en el Centro
Artístico de Granada en 1909, donde hizo su debut a los dieciséis.
Paralelamente, con esfuerzo y dedicación, Segovia había
adquirido - según su propia decisión de ser el mismo
su "alumno y maestro" -, una buena técnica, un
repertorio escogido, y una "medida" necesaria para encontrar
esa "identidad oculta" de la guitarra.
En su adolescencia, Segovia profundizó sus conocimientos
musicales y también sobre historia de la música. Así
se familiarizó con la obra de Bach, Mozart y Beethoven, entre
otros. Se hizo conocedor de los virtuosos de la guitarra del siglo
XIX que incluían a Sor, Aguado, Giuliani, Arcas y Tárrega,
el "Gran Sacerdote" de la guitarra española, al
cual Segovia nunca conocería.
Según la "Autobiografía" de Segovia, su
repertorio hasta 1909 incluía piezas como el Estudio en Si
menor Op. 35 N° 22 de Sor, el Capricho Arabe, los Preludios
y ejercicio de Arpegio de Tárrega y algunas transcripciones
de Bach, Beethoven, Mendelssohn, Chopin y Schumann.
De 1916 en adelante - habiendo dado recitales ya en Barcelona, Madrid
y Granada -, siguieron una serie de presentaciones en Córdoba,
Sevilla y Madrid, con programás mucho más extensos
y complejos. Para esos años, se vió rodeado de piezas
escritas originalmente para guitarra de compositores como Napoleón
Coste, Miguel Llobet, Tárrega y algunas obras suyas. Aparecieron
los magníficos arreglos de Llobet para composiciones de Granados,
tan conocidas como "La Maja de Goya" (Tonadilla) y las
Danzas Españolas N° 5 y 10. De aquí en adelante,
la más grande ambición de Segovia sería la
de incrementar su repertorio. Para tal efecto siguió los
pasos de Tárrega y comenzó a hacer sus propias transcripciones.
Entre las primeras se recuerdan el "Segundo Arabesco"
de Debussy y Asturias (Leyenda) de la Suite Española (Original
para piano) de Isaac Albéniz.
Aún antes de su primer tour a Sudamérica en 1920 -
durante el cual nació en Buenos Aires su primer hijo (Andrés)
-, había comenzado la segunda fase del trabajo de Segovia.
Fue entonces cuando tuvo éxito en persuadir a compositores
(no de música para guitarra) que escribieran obras originales
para ese instrumento. El primero fué Federico Moreno Torroba.
Sin embargo, el gradual prestigio que adquiría Segovia, permitió
que su acercamiento a distinguidos compositores diera los frutos
deseados.
Su debut en París fué en 1924 y contó con ilustres
dignatarios del ambiente musical que incluyeron a Madame Debussy,
Manuel de Falla, Albert Roussel, Joaquín Nin, Paul Dukas
y otros. Su técnica sencillamente soberbia, su magia interpretativa
y el carisma de sus ejecuciones, dieron motivos más que suficientes
al exigente público parisino para ver en Segovia una verdadera
"estrella".
Ese mismo año (1924) debutaba también en Berlín
y Londres, y realizaba su segunda tournée por Sudamérica
visitando Argentina, Cuba (donde tuvo su primera sesión de
grabaciones) y México.
Los años de realización
El célebre Manuel de Falla
atendió también los llamados de Segovia y escribió
su única pieza para guitarra, el "Homenaje pour le Tombeau
de Debussy". Esta obra se transformó en la "identificación"
de Segovia. Si bien ella no presenta el tipo de música convencional
para guitarra conocida hasta entonces, ella muestra un nuevo intento
por "hacer hablar la guitarra". El 7 de diciembre de 1926
Segovia estrenó el "Homenaje" en Londres en el
Aeolian Hall y lo grabó. El mismo año, Segovia tuvo
su primer encuentro con la audiencia rusa. El recital se llevo a
cabo en el hall del Conservatorio de Moscú. Este fué
el primer concierto de guitarra dado por un artista extranjero desde
que Fernando Sor tocara para la corte del Zar en 1823.
En 1926, según hemos visto, fue de grandes realizaciones.
Ese año se concretó uno de los más importantes
eventos en la historia de la guitarra: la primera audición
de la "Schott Segovia Guitar Archive Serie", una colección
de publicaciones que se iría incrementando con los años
a la vez de aportar un material de inestimable valor.
La aparición en 1921 de la primera publicación de
las obras de J. S. Bach para laúd, editadas en Zürich
por Hans Dagobert Bruger, provocó en Segovia una profunda
alegría y lo estimuló a transcribir y arreglar varias
de ellas a la brevedad. Tal fue su interés que para 1928
gran parte de estas obras ya estaban publicadas para guitarra y
por supuesto, incluidas en los recitales personales de Segovia.
En 1927, Segovia se presentó en Dinamarca y en 1928 emprendió
un tour crucial. Fueron sus primeros recitales en los Estados Unidos
de Norteamérica. El primero de ellos se efectúo en
el Town Hall de Nueva York.
1929 fue otro año importante para Segovia. Hizo su primera
visita a Japón donde fue el precursor de los cientos y cientos
de estudiantes de guitarra que hoy existen en ese País. Ese
mismo año, Segovia conoció a Joaquín Rodrigo
durante una estancia en París, y Heitor Villa - Lobos le
dedicó sus "Doce Estudios", que constituyen el
conjunto más famoso de estudios para guitarra y serie casi
obligada en el repertorio de todo guitarrista.
En Venecia (1932) Segovia conoció a Mario Castelnuovo Tedesco
- uno de los más famosos compositores italianos contemporáneos
- y surgió así, una gran amistad y "fusión
creativa" que duraría hasta la muerte del segundo (1968).
En 1939 Castelnuovo Tedesco escribió su famoso "Concierto
para Guitarra en Re Op. 99" el cual fué estrenado el
mismo año.
Este concierto impulso a Manuel Ponce (compositor mexicano) a concluir
su "Concierto del Sur" el cual sería interpretado
por primera vez en Montevideo en octubre de 1941.
Durante la década del 40 Segovia estableció su residencia
en Montevideo. Dos importantes eventos determinaron el curso de
la historia de la guitarra. El primero de ellos fue la introducción
de las cuerdas de nylon perfeccionadas por Albert Augustine, las
cuales ponían término a la antigua tradición
de las cuerdas de tripa. El segundo fue el invento de las grabaciones
"larga duración".
La década del 60 aportó importantes obras al nutrido
repertorio de Segovia. Se incluyeron la "Suite Inglesa"
de John Duarte, la "Suite Compostelana" de Federico Mompou
y las "Variaciones y Fuga sobre un tema de Haëndel"
de J. Muñoz Molleda.
La empresa y Segovia
"La guitarra es como una orquesta,
distante y misteriosa; su sonido nos llega de un mundo mucho más
pequeño y sutil que el nuestro (A. Segovia).
Esta fue la visión que hiciera de Segovia el guitarrista
más celebrado y honrado que el mundo ha conocido. Su carrera
como intérprete fue una de las más extensas jamás
conocidas. Asimismo, fue el primer guitarrista en tocar con regularidad
en las grandes salas de concierto. Segovia quiso, y en definitiva
hizo de la guitarra un instrumento con la misma reputación
que el violín o el piano.
Su gran actividad de conciertos y recitales lo obligaron a pensar
en un empresario. Segovia logró persuadir a los empresarios
que podían hacer dinero con facetas prácticamente
inexploradas del espectáculo musical. Así pues, en
1920 Segovia se asoció con el mismo empresario de Arthur
Rubintein, un cubano llamado Ernesto de Quesada, quién posteriormente
tendría contrato de exclusividad con Andrés Segovia.
Segovia y la técnica guitarrística
Los estudiantes de música,
sean aspirantes a la profesión o solo aficionados, suelen
reunirse en torno a los grandes intérpretes después
de un concierto, o en ocasiones más informales, con el objeto
de conseguir una suerte de "receta" que revele los secretos
del dominio instrumental. Lo cierto es que tal clave del virtuosismo
no es nada fácil de dilucidar. Segovia a lo largo de su vida
entregó una serie de guías referentes a su modo de
estudio. El practicaba cinco horas al día divididas en cuatro
sesiones de una hora y cuarto cada una. Combinaba estas con ejercicios
de relajación y actividades tales como caminar, leer, hablar
con amigos o meditar. Segovia creía firmemente en la efectividad
de estas sesiones breves y repetidas en el transcurso del día,
puesto que ellas permitan tener frescas las facultades físicas
y mentales.
Tal vez la clave del éxito musical según el Maestro
Segovia, este en una carta enviada por él a Bernard Gavoty
(crítico musical del "Fígaro") fechada en
New York el 20 de diciembre de 1954:
"Pocos sospechan lo que requiere el estudio de un instrumento.
El público asiste cómodamente al milagro musical sin
imaginar las mortificaciones y sacrificios a que tiene que entregarse
el artista para ponerse en condiciones de realizarlo.
¿No cree Ud. conmigo que exista hoy una gran crisis de amor
al trabajo en el mundo del Arte, y que nosotros, los instrumentistas,
podríamos sentar ejemplo de moralidad en este sentido? Es
imposible fingir el dominio de un instrumento por hábil que
sea el impostor; y no se logra dominarlo si el que emprende tal
aventura no agrega la disciplina rigurosa del trabajo durante la
vida entera, al don generoso de los Dioses".
En la grabación autobiográfica titulada "La Guitarra
y Yo" (Decca, 1971), Segovia explica como en sus primeros años
encontró el modo de mejorar su técnica haciendo estudios
de partes de algunos manuscritos inéditos de Francisco Tárrega,
que contaban con pasajes de gran dificultad; sobre estos Segovia
hacia ejercicios con creciente grado de complejidad.
En su juventud Segovia trabajaba durante horas las digitaciones
de las escalas diatónicas. Posteriormente recomendaba a sus
discípulos el "paciente estudio de las escalas"
por dos horas a lo menos, en consideración a la efectividad
de estas para resolver gran parte de los problemás técnicos
(velocidad, flexibilidad, volumen, etc.). Enfatizaba en la correcta
posición de las manos, la cual otorga "independencia
y elasticidad" a la vez que una "belleza física
del sonido".
En los "Ejercicios de ligados y octavas cromáticas",
el Maestro Segovia entrega ejercicios progresivos para la mano izquierda,
especialmente para obtener la mayor independencia, agilidad y fuerza
de los dedos de la misma.
En los "Estudios para la Guitarra" de Fernando Sor, el
Maestro vio el "perfecto equilibrio entre los propósitos
pedagógicos y la natural belleza musical". Algo similar
opinaba de los "Doce Estudios" de Villa - Lobos.
Segovia insistía mucho en sonido durante sus clases, así
como también en los logros interpretativos. Para estos últimos,
el solía explicarlos verbalmente, ya fuese cantando la frase
de la línea melódica o bien nombrando las notas. Su
concepción de cada frase, conjunto de notas, ligaduras y
efectos, era global. Resulta extraño el que Segovia no haya
sistematizado su técnica en un Método de Guitarra.
No lo hizo, pero Vladimir Bobri, publicó un texto titulado
"Segovia Technique" en el cual hay referencias a la manera
de sentarse, al ubicación de las manos, las técnicas
de "apoyando" y "tirando", el uso de uñas,
técnica para la mano derecha, primero toca la cuerda y luego
pulsa, esto es lo que el autor denomina "el principio del ataque
preparado".
Para concluir estas sección cabe destacar dos puntos más
sobre la interpretación del Maestro: la dinámica y
el pulso. La primera constitutiva de la belleza sonora en sí
y el segundo, como parte de la libertad de ejecución y factor
de una "cabal vitalidad en su sonido".
Tributos a Segovia
Seguidamente reproduzco algunas
opiniones sobre el maestro Andrés Segovia de cuatro destacadísimos
músicos contemporáneos.
"Señalara que Andrés
Segovia revolucionó nuestro pensar acerca de la guitarra
es solo un aspecto por el cual podrá ser recordado. Sin duda
se lo recordará también como un gran artista que transformó
y recreó la música para hacerla revivir en el instrumento
que tanto amó".
(CLAUDIO ARRAU)
"Segovia es un artista único
y sin par; su arte - con esas raras cualidades de sinceridad y humanidad
- es un ejemplo para todos nosotros".
(VLADIMIR ASHKENAZY)
"Andrés Segovia es
y será siempre el gran Seigneur de la música donde
él mora como el más conmovedor de los grandes intérpretes.
Su inmensa cultura y su admirable fervor, han hecho de él
un gran ejemplo para todos".
(PIERRE FOURNIER)
"Pocos artistas logran transformar
la actitud del público hacia su instrumento. Andrés
Segovia pertenece a este selecto grupo. Los artistas lo saludan
por su musicalidad, generosidad y humanidad".
(SIR CHARLES GROVES)
Miscelánea final
Pocos días antes de su muerte
Immanuel kant dijo esta frase: "Das Gefühl für Humanitat".
("No me ha abandonado aún el sentimiento de la humanidad").
Pues bien, a Segovia no lo abandonó jamás.
Tal vez una de las características más destacables
del Maestro haya sido precisamente este gran sentido de la humanitas.
Su rostro afable y su mirada dulce le hicieron ser bienvenido hasta
en los más recónditos lugares del mundo. Pero no tan
sólo su aspecto externo emanaba esa bonhomía, su alma
- reflejada en sus decires y pensar - también la inspiraba.
El lejano debut de Segovia en el Centro Artístico de Granada
(1909) representa un momento capital en lo que podríamos
llamar la "poética" del Maestro. El describe bellamente
como actuaban en sí mismo, esa dualidad del "alumno
y el maestro" simultáneos: "El alumno era un ignorante
apasionado y el maestro, bajo el fuego de mis preguntas, todavía
más ignorante... No obstante, no peleamos demásiado,
y esta asociación ha durado hasta el momento presente".
("Mi Libro de Guitarra", 1980).
Andrés Segovia recibió todos los honores que un músico
pueda esperar. Premiado en España, Venecia, Copenhagen, San
Remo y otros. Designado Doctor Honoris Causa en las universidades
de Oxford, Santiago de Compostela, Autónoma de Madrid, Granada,
Nueva Orleans y Florida. Distinguido como Hijo Ilustre de Linares,
Granada y Jaén (España) y finalmente galardonado en
1981 por el rey Juan Carlos I, quien lo nombrara Marqués
de Salobreña, convirtiendose así, en el primer músico
español que recibiera un título nobiliario.
Debido a su longevidad, en casi todas las últimas entrevistas
concedidas por Segovia, se tocó el tema de la muerte. Al
respecto señalaba: "Aquí espero a la muerte sin
temerla ni desearla", citando un poema de Meinard. Más
tarde recordaba un verso de Rilke: "Señor, da a cada
uno su propia muerte", y un amigo y crítico musical
Federico Sopeña le preguntaba: ¿en un concierto? "No,
después de mi clase", contestaba. Su respuesta avala
su gran sentido de humanidad y ese sentido antiguo y grandioso del
Maestro con mayúsculas.
En 1985 declaraba: "Tengo más de lo que pudiera desear.
Me gusta que me consideren un hombre cualquiera, y además
artista. Yo nunca he sido orgulloso, nunca he tratado a la gente
despectivamente, nunca he creído que por ser conocido tengo
derecho a recibir atenciones; las que he recibido, las he devuelto
enseguida con afecto".
Andrés Segovia fue en vida un mito, una leyenda; hoy que
se ha ido, a los noventa y cuatro años, lo es más
que nunca.
Deseo evocarlo por última vez en lo que fuera casi su "acto
esencial": la ejecución de la guitarra.
Ha comenzado. El arpegio con el pulgar ha conmovido la guitarra.
Pero él nos ha abierto a un mundo secreto donde todo es caricias,
murmullos y silencio; un mundo en miniatura donde Segovia es el
mago y el héroe.
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